Siempre cuesta arrancar nuevos proyectos y abrir nuevas ventanas a la expresión, porque requieren trabajo y esfuerzo, generalmente adicional al que ya realizamos con el digno objetivo del comer. La red sin duda está inundada de aportaciones altruistas y desinteresadas, conocomiento transfundido sin pedir nada a cambio y que de un modo u otro, es útil.
Resulta sorprendente recorrer la infinidad de puntos en la red, pequeños almacenes de conocimiento, de exploración, de innovación en algunos casos, de cooperación lúdica, y un largo etcétera que no deja chocar con los más elementales usos y costumbres de lo que vale y lo que cuesta. ¿Dónde pervive la máxima japonesa, un pueblo inteligente donde los haya, que dice que no existe nada gratis, que todo cuesta?. Es interesante a mi juicio preguntarse si aquello que tanto hemos visto, oído y leído, la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma, y añadiéndole a esto, los costes de transformación, ¿Dónde se sitúa el altruismo de la red y en qué recónditos rincones podemos encontrar la piedra filosofal que contradice el pensamiento japones? Una rápida explicación podría estar en los fenómenos de tendencias publicitarias y peso de las inversiones de las compañías en la red, pero quedarían fuera de esta explicación numerosos lugares, puntos, direcciones que a todas luces no pesan en este sentido, o lo hacen de un modo insignificante, tanto que no podría considerarse una explicación a su pervivencia.
Y creo que la respuesta, además de en el viento, estaría en nosotros mismos. Pagamos así, con nuestro esfuerzo, la necesidad del ser humano de explorarse, expresarse e incluso exhibirse. Luego el coste está justificado, como lo estaba para los pintores de las Cuevas de Altamira o los ‘adornadores’ de las sepulturas egípcias, aunque a estos últimos les costaba finalmente caro tanto deseo de expresión.
Me apetecía compartir con mis amigos buceadores esta reflexión, animaros a que participéis en este blog, y sobre todo, que me permitan seguir bajando con ellos como pareja de inmersión, sin pensar que con alguien así, es mejor no pasar de los 5 metros.
