Creo interesante incluir en este blog un capítulo dedicado a la limpieza del oído, dado que se trata de un elemento básico para el adecuado confort o todo lo contrario, en cualquier inmersión, más aún si se trata de un viaje organizado, prolongado y en el que hemos depositado nuestras ilusiones de todo tipo. Por tanto no es ninguna tontería cuidar adecuadamente este órgano básico no solo para escuchar (por cierto esta función está en desuso), sino también para bucear.
Primero un sencillo e ilustrativo esquema nos puede ayudar a centrar los consejos recogidos de diferentes fuentes sobre su cuidado.

Aparentemente el canal externo es suficientemente largo e inaccesible para que nada pueda entrar y dañar la delicada membrana del tímpano; error. El canal es accesible, no tiene tanta longitud como pareciera y la introducción de objetos que de forma incorrecta pueden utilizarse para limpiarlo, llegarán a provocar infecciones e incluso lesiones impredecibles. No bastoncitos, no pinzas, no lápieces, uñas, dedos, …, que lo único que provocarán es el riesgo de daño o simplemente la acumulación de fibras o elementos susceptibles de almacenar bacterías o gérmenes que pueden arruinar nuestros días de buceo, de forma inmediata o al cabo de unos días.
Del mismo modo si algún insecto se atreve a entrar en esta morada, es conveniente sacarlo de inmediato, acudiendo a un especialista o cuando menos, haciendo que el atrevido turista de oídos acabe inmovil de inmediato, aplicando alcohol diluido para tal fin (encima de hospedarlo tenemos que invitarle a una copa).

Por otra parte, la acumulación de cerumen que puede producirse incluso con una higiene regular y adecuada, no debe eliminarse mediante la introducción de los vulgares bastoncitos, dado que lo único que provocariamos es su acumulación más profunda, y como se ha dicho anteriormente, la posible introducción de fibras de algodón, especialmente útiles como criadero de bacterías, en condiciones de presión, temperatura y humedad que son muy adecuadas para su crecimiento y que se dan perfectamente en nuestras expediciones de buceo.
Dicho todo esto, en conclusión y como consejo definitivo para la adecuada limpieza del oído medio, cabe apuntar lo siguiente:
En el baño o la ducha, se propone una irrigación en los oídos de vez en cuando con agua templada jabonosa y una solución de agua oxigenada (obviamente diluida - tal como se vende en farmacias), que puede aplicarse mediante una pera de goma. Si se va a bucear durante varios días, es conveniente aplicar una mezcla de vinagre e isopropanol al 70%, al final de cada jornada. De este modo se limpia y se seca el conducto auditivo al tiempo que se acidifica, reduciendo así el riesgo de infecciones bacterianas y de otitis externa que puede arruinarnos igualmente el viaje.
Si por alguna causa resultara difícil sacarse el agua de los oídos (es conveniente que el oído medio no guarde humedad en exceso y por tiempos prolongados - mejor sequito), se puede utilizar un secador de pelo, tirando de la oreja hacia arriba y hacia atrás mientras se aplica el aire seco y caliente del secador, durante aproximadamente 5 minutos.
La higiene del oído es básica y no está de más hacer populares estos prácticos, sencillos y útiles consejos.